Seamos francos, la situación económica es un desastre, las restricciones sanitarias limitan las posibilidades de nuestras empresas y asustan a nuestros clientes… Y por si fuera poco, fuera de España las cosas no están mucho mejor.

El resultado es que en los últimos meses han cerrado sus puertas de forma definitiva más de 80.000 empresas… y lo que está por venir.

La gran pregunta que muchos empresarios se hacen ahora mismo es si deben actuar o si, por el contrario, deben retraerse y esperar a que la tormenta escampe.

Si eres de los que todavía se hacen esta pregunta, no sigas leyendo, tu empresa es muy posible que no supere esta situación, o se limitará a sobrevivir.

Y es que la pregunta no es si debemos actuar sino más bien en qué dirección debemos encaminarnos, todo lo que no sea esto supone la desaparición de nuestros negocios.

Para todo aquel que tenga la voluntad de salir adelante se abren un amplio abanico de posibilidades de acción que, a grandes rasgos, podemos clasificar en dos grandes grupos:

a) Avanzar e Innovar

El Mercado está cambiando, los hábitos de consumo y las necesidades y prioridades del público en general ya no volverán a ser los mismos, al menos no por mucho tiempo.

Es por tanto el mejor momento para adaptar nuestra empresa a lo que está por venir, desarrollando nuevos productos y servicios, nuevos procedimientos de atención al cliente, aperturando nuevos mercados y, en definitiva, explorando las oportunidades que se abren ante nosotros.

Muchos empresarios se quejan amargamente de la saturación de sus sectores, del alto nivel de competencia y las escasas o nulas opciones de diferenciación de sus productos.

Pues bien, el momento ha llegado, el brusco cambio que se ha producido en el Mercado y en las necesidades y actitudes de los clientes potenciales ha puesto al descubierto enormes praderas sin colonizar, o si lo prefiere, despejados “océanos azules” hacia los cuales encaminar sus pasos.

Está en su mano, puede aprovecharlos o no, pero haga lo que haga no se lamente dentro de unos meses de no haber tomado una decisión, eso sólo le hará perder tiempo y energía.

¿Piensa que todo es teórico?… le pondré un ejemplo, hace un mes aproximadamente invitaron a mi hijo de 7 años a un cumpleaños celebrado por videoconferencia, dadas las restricciones de reunión y desplazamiento lo lógico hubiese sido posponer la celebración, sin embargo, los padres decidieron hacer lo posible por hacer feliz a su hijo.

Por mi parte esperaba una conexión por videoconferencia desorganizada y sin control, cuál fue mi sorpresa cuando vimos que la video-celebración estaba organizada y dirigida por un grupo de animadores de fiestas infantiles… ¡desde Bogotá!, y lo cierto es que los peques se lo pasaron de miedo.

Fíjese bien en lo que esto significa, una empresa de animación infantil de Colombia ha abierto mercado en España sin moverse de su lugar de residencia, y todo gracias a que no se rindieron ante las restricciones y buscaron la forma de seguir con su negocio.

b) Replegar velas y esperar tiempos mejores

La otra opción disponible es mantener un perfil bajo y replegar velas… ahora bien, piense que para no hacer nada hay que desarrollar mucho trabajo.

No se trata simplemente de quedarse quieto y rezar para que las cosas se arreglen por sí solas (porque si piensa que van a venir a arreglarlas por usted ya puede ir preparándose para un futuro desagradable).

Es mucho más que eso, replegar velas y pasar a la defensiva supone:

  • En primer lugar, hacer un profundo análisis de su empresa para determinar cuáles son sus elementos esenciales, es decir, aquellos de los que no puede prescindir, y eliminar todo lo superfluo.
  • En segundo lugar, debe hacerse toda la caja posible, vendiendo activos, cobrando cuentas pendientes, etc.
  • En tercer lugar, establecer agresivas políticas de fidelización de sus clientes actuales.
  • Y, finalmente, crear un exhaustivo sistema de control de gastos y tesorería que evite que se desangre en el tiempo que mantendrá su empresa en estado de espera defensiva.

Este tipo de operaciones se asemeja mucho a lo que hace un oso a la hora de pasar el invierno: primero acumula reservas, es decir, se prepara; luego reduce su actividad vital al mínimo para asegurarse de que las reservas acumuladas durarán el tiempo suficiente y, finalmente, entra en hibernación esperando la llegada de la primavera.

El problema de este tipo de estrategias es que, si las reservas acumuladas no son suficientes o el tiempo de espera hasta que la situación mejore, se alarga más de lo pensado, hay muchas posibilidades de que la empresa no pueda remontar debido al desgaste y la descapitalización.

Además, existe otro peligro y es que cuando lleguen los tiempos de bonanza nos podemos ver superados por competidores que aprovecharon el tiempo para algo más que esperar a la defensiva o una solución caída del cielo, lo que nos dejaría en una situación de extrema debilidad de la que difícilmente nos recuperaríamos.

Por ello, incluso cuando la empresa adopte una estrategia de perfil bajo, es muy aconsejable reservar parte de los recursos acumulados para trabajar internamente en su adaptación a las nuevas condiciones de mercado que se encontrará cuando salga de su hibernación.

De esta forma, una vez se reactive habrá sufrido una transformación que le permitirá crecer y prosperar en el nuevo entorno.

Así pues, usted elige, el destino de su empresa le pertenece, es su obligación y su responsabilidad, no deje que nadie decida por usted. Pero sea consciente de como afectarán sus decisiones en un sentido u otro a su negocio u organización.