La profesionalización de los empresarios

Espero no sorprender a nadie si afirmo que lo que realmente necesitamos para mantener un nivel de vida adecuado es un tejido empresarial estable y solvente, y es que, independientemente de cuestiones ideológicas, son las empresas, tanto públicas como privadas, las que generan trabajo; y el trabajo genera bienestar en diversas formas: retribuciones para los trabajadores, productos y servicios para los usuarios, impuestos para el sector público, etc.

Es por esta razón por la que desde el momento en que entré en la Universidad decidí dedicarme al mundo de la empresa, ya que encontré que era la mejor forma en que podía contribuir a cambiar y mejorar el mundo en el que me ha tocado vivir.

Ya no valen las viejas excusas de falta de tiempo o recursos, una empresa sólida no se distingue por su tamaño, sino por el nivel de profesionalización del empresario que la dirige. Porque ser un buen empresario no significa trabajar más horas que nadie, ni siquiera ser capaz de desarrollar todas y cada una de las tareas de la empresa, “zapateros a tus zapatos”, ser un buen empresario es entender que dirigir una empresa implica desarrollar una serie de actividades específicas cuyo objetivo es, en esencia, asegurar que el resto de empleados puedan llevar a cabo su trabajo en las mejores condiciones.

Es hora de abandonar la creencia, ya antigua, de que para dirigir hay que ser el mejor “currante“, me horroriza escuchar a gerentes de empresas comentar que sus trabajadores nunca llegarán a hacer las cosas tan bien o rápido como ellos las hacía cuando estaba en su puesto.

¿De verdad no nos damos cuenta del peligro que esto entraña?. En una entrevista a Donald Trump, uno de los empresarios de más éxito de las últimas décadas, le preguntaron por su imperio y por lo increíblemente inteligente que debía ser para poder gestionarlo, a lo que él contesto que su único mérito era el de haberse rodeado de un equipo de colaboradores mucho más preparados e inteligentes que él mismo y haber sido capaz de transmitirles una visión y un objetivo.

Ha llegado el momento de que nos demos cuenta que una cosa es fabricar tornillos y otra muy diferente dirigir una empresa que fabrica tornillos.

Porque ser empresario es un trabajo en sí mismo, un trabajo muy exigente que tiene su propio catálogo de conocimientos y herramientas específicas; ser empresario exige una preparación específica, no basta con ser el mejor ingeniero del mundo para montar una empresa, sin embargo, una persona formada en técnicas empresariales puede dirigir a ingenieros y lograr el éxito aunque no sepa nada de ingeniería.

Es ahora o nunca, si queremos que nuestras empresas tengan éxito debemos enfrentarnos a la realidad y tener el valor de actuar, quizás no todos tengamos los conocimientos o experiencia necesarias, si es así, busquemos a quien si la tenga, igual que buscamos el mejor operario para ejecutar un trabajo cualquiera.

Porque el futuro de nuestra empresa, así como de todos los que en ella trabajan, dependen de nuestra capacidad como empresarios, y, en última instancia, de que tengamos el valor necesario para recocer nuestras debilidades y buscar la ayuda de profesionales que puedan aportar valor a la empresa en el ámbito de la planificación y la dirección.

Un equipo gana cuando hay detrás un grupo de entrenadores capaces de motivarlo y marcar la jugada adecuada… no nos equivoquemos, como empresarios esa es nuestra misión: seleccionar a los jugadores, motivarlos y marcar la mejor jugada.

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